MEMORIAS Y ECLIPSES

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lunes, 22 de septiembre de 2014

***** AQUEL VIAJE *****



Hace algunos años, en un foro de poesía conocí a una mujer andaluza, sevillana, que comenzaba sus andanzas con las letras. Sus poemas y prosas no eran perfectos gramaticalmente hablando, pero tenía algo que te atrapaba, por sus experiencias vividas. Escribía oculta, había que releer sus obras para entender y comprender con que dureza, la vida le había tratado. Sus sentimientos, su dolor, traspasaban todos los sentidos, y muchos no entendieron porqué ese desahogo ni a quién iban dirigidas todas sus letras. Encontré su secreto guardado. Escondido en letras que lloraban y de ahí, salió una amistad que aún hoy continúa. Ya han pasado años. Ella cambió. De la noche a la mañana dejó de escribir de sus sentimientos, y se volcó en una poesía y prosa más fresca, cómica, cotidiana, intentado dejar atrás ese vacío y haciéndonos partícipes a los que la leemos, de su día a día. Cualquier tema ella lo lleva a su terreno, lo desgrana, le da vida, cosas insignificantes, pequeños detalles, momentos, los hace grandes, por la naturalidad con la que describe, por su toque innato andaluz. Esta prosa, se que para ella es especial, Rosa (Eli para los amigos), por los recuerdos que siguen en su memoria.He corregido lo posible. No todo, porque si fuera así, entonces perdería esa "esencia única" que caracteriza a Rosa, y dejaría de ser lo que ella plasma. Porque el arte andaluz... que lleva en la sangre, ella, lo transporta a las letras.Os dejo esta prosa, que espero que disfrutéis de mi andaluza y amiga    Rosa Martínez.






AQUEL VIAJE

Hay momentos en la vida, que quedan grabados para siempre. Un día decidí hilvanar esos recuerdos en mi memoria, y cuando llegase el momento, coser-los en un papel, para que ustedes lo leyesen. Como dije antes, hay momentos en la vida, que por muchos años que pasen no se te olvidan, como pasó aquel años, cuando por primera vez viajamos en tren, toda la familia. Los siete.

Viajar en tren, antes era alucinante, a pesar de esos asientos tan incómodos,de llevarte horas y horas, viendo los cruces de las vías, de paradas en los pueblos, de aldeas.... No como ahora, que en una hora te corre España entera, cómodamente, sentada en un asiento confortable y con televisión incluida, pero como aquel viaje que hicimos todos juntos, no habrá ninguno.

Mi padre, no había un día que no dijese -"no me gustaría morirme sin ver antes, a mis hermanos, todos juntos"- Esa frase, era rara la vez que de la boca de mi padre no saliese.

Tenía cinco hermanos, esparcidos por el mundo. Desde que se separaron no se había visto. Mi padre se quedó huérfano de madre, apenas era un zagal. Él, se hizo cargo de tres de sus hermanos y de su padre (le faltaba una pierna). La hermana pequeña, se la llevó su tía, y la mayor se fue con una familia a trabajar de sirvienta con ellos. Con el tiempo, conoció a mi madre, y en menos de seis meses, juntaron sus cosas y se casaron.
Sus hermanos se casaban, tenían hijos, entonces mandaban a alguien para que les escribiesen y nos mandaran sus fotos. No sabían ni leer ni escribir, pero eso no quitaba que estuvieran en contacto unos con otros. Siempre había una postal o una carta, felicitándonos en las navidades.
Un día nos dijo.-" Cualquier día, me lío la manta a la cabeza, y nos vamos a ver a mis hermanos"-

Aquel año, en una de esas felicitaciones, había unas letras mal escritas de una de sus hermanas, se despedía. Le habían diagnosticado leucemia. Mi padre lloraba como un niño chico, escuchando la voz de mi hermano leyéndole aquella carta. En esa época, yo tendría unos 13 o 14 años, y trabajaba como asistenta sirviendo en una casa (era el trabajo que había). A pesar, de no sobrarnos casi nada, mis padres tenían algo de dinero guardao "por si las moscas".

Mi padre trabaja 10 o 12 horas diarias. Se llevaba la comida en el canasto y no volvía hasta la noche, menos el sábado, que trabajaba sólo medio día. Algunos domingos trabajaba haciendo chapuzas (trabajo extra), para guardar algo de dinero. Ese día del sábado, lo esperábamos sentados alrededor de la mesa como siempre. Era día de cobro y siempre nos traía pescado frito, patatas y unas aceitunas, acompañado de una botella de vino o de cerveza para la comida. mientras nos contaba cosas de él, de sus hermanos.

Recuerdo aquel día que estábamos todos esperándolo sentados, mi madre cambiándose de un delantal limpio y ansiosa de que mi padre entrase por aquella puerta. No llegaba y mi madre no hacía otra cosa que asomarse al balcón por si lo veía venir. Justamente, cuando mandaba a uno de mis hermanos, en busca de él, entraba por la puerta.

-"¡Niño! ¿`por qué has tardao? Ya me tenías preocupá."- . Mi padre, muy contento y a la vez nervioso, nos decía:-"Os tengo una sorpresa. Niña, siéntate que tengo que contarte algo."-

-"Bueno, me siento, pero dame el dinero pá guardarlo no vaya a sé que se te caiga y lo pierdas".-

-"Niña, tengo que daros una sorpresa, nos vamos la semana que viene a Andorra.".-

Mi madre, creía que venía algo contentillo, por haber tomado algún vinito o unas cervezas, pero cual fue su sorpresa que cuando puso el "sobre" en la mesa, no había dinero, sino billetes para el tren.-"¡Toma, esto era lo que quería decirte!"-- Imaginaros la cara de mi madre y los gritos que daría pá que se enterase todo el vecindario, cuando no vio el dinero y é, l le dijo:- Saqué siete billetes de tren. Nos vamos unos días a ver a mi hermana.-

-¡¿Quéeeeee?! ¡Tú no estás bueno de la cabeza! ¿Te has gastao todo el dinero en los billetes?¿ Cómo voy a pagar a Florito, el de la tienda? ¿Al Diterio? ¿Al de los muertos?....
¿Y tu trabajo? ¿Y el trabajo de la niña?".-

- Tranquila mujé, son sólo unos días. Hable con el encargao y con mi jefe y me guardaran el sitio. Con el trabajo de la niña, no te preocupes,que hay muchas casas pá servir.

Toma, con este dinero que me ha sobrao, le pagas a Florito el de la tienda, compra comida pá el viaje y los demás que esperen hasta la vuelta...-

Ya no había remedio. El dinero ya no se lo devolverían. Recuerdo todavía las miradas que mi madre le echaba a mi padre, eran puñales jajaja... Mi madre se llevaba bien con las vecinas, pidió una maleta para meter la ropa de todos. Mi hermano el chico, se tenía que subir, para que se pudiera cerrar la maleta jaja. Aquella noche, nadie durmió.

Llegó el día. Apenas había amanecido y allí estábamos dos horas antes a lo que había que añadirle la hora de retraso que llevaba el tren. Mi madre, era muy precavida y quería estar antes (por si las moscas), para que no perdiésemos el tren; mi padre, contento y radiante con cara de satisfacción de no haberlo hecho antes, mi madre con cara de preocupación, pensaba lo que se dejaba y lo que se podía encontrar. De vez en cuando, miraba a mi padre con cara de quererlo ahogar. Aquellas horas se nos hicieron interminables, nerviosos, estábamos desesperao, ansiosos, esperando subir a ese tren los siete, la maleta, tres bolsas de jerséis (por si hacía frío),y algunos tebeos, la talega llena de bocadillos y el bolso de mi madre ( que no soltaba ni pá rascarse) lleno de medicinas y 200 pesetas. Ahh, y el búcaro pá que no pasáramos sed en el viaje. Tal como se iba acercando la hora, mi madre nos decía: -" Niños, si tenéis ganas de hacer algo, hacerlo ahora que después cuando esteis reventando, tendréis que aguantarse hasta que lleguemos".-

Por fin, se escuchaba a lo lejos ese pitío tan esperao. ¡Mama! ¡Papa! ya viene, ya viene el tren, dijimos gritando. Y al verlo acercarse todos nos miramos contentos. Yo a mi padre, no le quitaba ojo de encima, lo veía tan contento, tan radiante que no cabía en él. Todos estábamos nerviosos, por fin subíamos al tren. Era un vagón de tercera clase, tenía una capacidad para ocho personas, los asientos eran de madera, (los de segunda de skay). Había un compartimento encima de los asientos para poner las maletas. Ese compartimiento, le sirvió a mi hermano el más pequeño pá dormir, mientras los otros correteaban o veían tebeos. Mi padre, cada dos por tres, le hacía carantoñas (caricias)a mi madre haciéndole ver que estaba contento, mientras ella parecía que se le había quitao el enfado, aunque no las preocupaciones.

Yo asomaba la cabeza por la ventana y veía cruzarse las vías, montones de sensaciones pasaban por mi cabeza. Después de dos horas, el tren paraba; justo al lado había una fuente. Mi padre quiso bajar a llenar el búcaro, y de camino estirar las piernas. Alguien se le adelantó y se puso a llenar de agua una garrafa y cuando el llenaba nuestro búcaro, justo el tren pitaba y la voz de mi madre se escuchaba: -¡Corre Juan, corre! Deja eso que el tren se va.- El tren se marchaba lentamente mientras nosotros mirábamos nerviosos y expectantes por la ventanilla, como mi padre se subía. Mi madre, atacá de los nervios y cuando lo vio subío al tren, sopló y dio un jipío que le salía desde las mismísimas entrañas.

-¡Niño, no se te ocurra má bajarte de ésto hasta que no lleguemos.¿que quieres? ¿que nos perdamos a mitad del viaje?.-

- No niña, sólo quería que tuvierais agua y yo estirar un poco las piernas. El viaje es largo y los niños beben mucho.-

-¡Anda niños, sentarse que vamos a comer algo! Mi madre sacó de la talega los bocadillos,no antes de ponerle la inyección de insulina a mi hermana, era diabetica y tenía que ponérsela antes de comer. Hasta le enseñaron a poner inyecciones a la pobre. Antes las jeringas eran de cristal, con las agujas gordas (no tienen nada que ver con las de ahora). La llevaba reliada en una pequeña toalla en el bolso.

Con la barriga llena y esos vaivénes nos quedamos dormidos en el asiento excepto mi hermano pequeño al que lo subía a ese compartimento pá que se durmiera. Llegó el revisor, y mi padre le preguntó cuanto faltaba pá que llegásemos a nuestro destino, el cual, le dijo, que todavía faltaba una hora. Esa hora estuvo más nervioso y más pensativo. Llegamos y no veíamos a nadie, excepto un muchacho que se nos acercaba y nos preguntaba por mi padre. -"Soy Antonio, hijo de su hermana María. Ella no ha podido venir porque sabía que erais muchos y no cabríamos todos en la furgoneta. Ella os espera ansiosa con los brazos abiertos".-

Y así fue. Aquel encuentro fue acogedor. Nunca olvidaré aquel momento en que mi padre abrazaba a su hermana, con lágrimas en los ojos, muy apretados, como queriendo estar siempre así y no queriendo separase. Estuvieron todo el día y toda la noche hablando de ellos hasta el día siguiente que fueron a buscar a su hermano. El recibimiento y la acogida fue expectante, cariñosa e inolvidable también. Se llevaron dos días y dos noches sin separarse, hablando y recordando cosas. José, trabajaba como albañil en una empresa, le pidió que se quedase más tiempo y que el se encargaría de que le diesen trabajo unos días y se pudiese llevar algo de dinero pá la vuelta. Una de mis primas trabajaba en una cooperativa de frutas, intervino por mí y allí me coloqué, colocando las frutas en unas cajas de cartones. Un trabajo que para mí, significaba mucho, pues era el único trabajo que conocía que no era de limpiar váter y los suelos o servir a los señores. Ïbamos por unos días y nos quedamos todo un mes. Aquel viaje no lo hicimos en balde. "No hay mal que por bien no venga". Ganamos un dinero los dos trabajando. Mi padre vio a su hermana y a uno de sus hermanos, aún le quedaban otros tres hermanos por ver. Prometieron que no pasarían tanto tiempo sin verse de nuevo y así fue, a los pocos años se reunieron todos los hermanos, pero ésta vez, faltaba aquella hermana que fuimos a ver.
   Aquel día, mi padre, lloraba a lagrimas vivas.. de pena y de alegría.


                                                                 Rosa Martínez


(vídeo e imagen tomada de la red, derechos de autor a quien correspondan)



martes, 25 de marzo de 2014

*** Dagón *** (Relato completo) Howard Phillips Lovecraft. (1917)

Representación artística de Dagón.jpg
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Escribo esto bajo una fuerte tensión mental, ya que cuando llegue la noche habré dejado de existir. Sin dinero, y agotada mi provisión de droga, que es lo único que me hace tolerable la vida, no puedo seguir soportando más esta tortura; me arrojaré desde esta ventana de la buhardilla a la sórdida calle de abajo. Pese a mi esclavitud a la morfina, no me considero un débil ni un degenerado. Cuando hayan leído estas páginas atropelladamente garabateadas, quizá se hagan idea -aunque no del todo- de por qué tengo que buscar el olvido o la muerte.

Fue en una de las zonas más abiertas y menos frecuentadas del anchuroso Pacífico donde el paquebote en el que iba yo de sobrecargo cayó apresado por un corsario alemán. La gran guerra estaba entonces en sus comienzos, y las fuerzas oceánicas de los hunos aún no se habían hundido en su degradación posterior; así que nuestro buque fue capturado legalmente, y nuestra tripulación tratada con toda la deferencia y consideración debidas a unos prisioneros navales. En efecto, tan liberal era la disciplina de nuestros opresores, que cinco días más tarde conseguí escaparme en un pequeño bote, con agua y provisiones para bastante tiempo.
Cuando al fin me encontré libre y a la deriva, tenía muy poca idea de cuál era mi situación. Navegante poco experto, sólo sabía calcular de manera muy vaga, por el sol y las estrellas, que estaba algo al sur del ecuador. No sabía en absoluto en qué longitud, y no se divisaba isla ni costa alguna. El tiempo se mantenía bueno, y durante incontables días navegué sin rumbo bajo un sol abrasador, con la esperanza de que pasara algún barco, o de que me arrojaran las olas a alguna región habitable. Pero no aparecían ni barcos ni tierra, y empecé a desesperar en mi soledad, en medio de aquella ondulante e ininterrumpida inmensidad azul.

El cambio ocurrió mientras dormía. Nunca llegaré a conocer los pormenores; porque mi sueño, aunque poblado de pesadillas, fue ininterrumpido. Cuando desperté finalmente, descubrí que me encontraba medio succionado en una especie de lodazal viscoso y negruzco que se extendía a mi alrededor, con monótonas ondulaciones hasta donde alcanzaba la vista, en el cual se había adentrado mi bote cierto trecho.
Aunque cabe suponer que mi primera reacción fuera de perplejidad ante una transformación del paisaje tan prodigiosa e inesperada, en realidad sentí más horror que asombro; pues había en la atmósfera y en la superficie putrefacta una calidad siniestra que me heló el corazón. La zona estaba corrompida de peces descompuestos y otros animales menos identificables que se veían emerger en el cieno de la interminable llanura. Quizá no deba esperar transmitir con meras palabras la indecible repugnancia que puede reinar en el absoluto silencio y la estéril inmensidad. Nada alcanzaba a oírse; nada había a la vista, salvo una vasta extensión de légamo negruzco; si bien la absoluta quietud y la uniformidad del paisaje me producían un terror nauseabundo.
El sol ardía en un cielo que me parecía casi negro por la cruel ausencia de nubes; era como si reflejase la ciénaga tenebrosa que tenía bajo mis pies. Al meterme en el bote encallado, me di cuenta de que sólo una posibilidad podía explicar mi situación. Merced a una conmoción volcánica el fondo oceánico había emergido a la superficie, sacando a la luz regiones que durante millones de años habían estado ocultas bajo insondables profundidades de agua. Tan grande era la extensión de esta nueva tierra emergida debajo de mí, que no lograba percibir el más leve rumor de oleaje, por mucho que aguzaba el oído. Tampoco había aves marinas que se alimentaran de aquellos peces muertos.
Durante varias horas estuve pensando y meditando sentado en el bote, que se apoyaba sobre un costado y proporcionaba un poco de sombra al desplazarse el sol en el cielo. A medida que el día avanzaba, el suelo iba perdiendo pegajosidad, por lo que en poco tiempo estaría bastante seco para poderlo recorrer fácilmente. Dormí poco esa noche, y al día siguiente me preparé una provisión de agua y comida, a fin de emprender la marcha en busca del desaparecido mar, y de un posible rescate.

A la mañana del tercer día comprobé que el suelo estaba bastante seco para andar por él con comodidad. El hedor a pescado era insoportable; pero me tenían preocupado cosas más graves para que me molestase este desagradable inconveniente, y me puse en marcha hacia una meta desconocida. Durante todo el día caminé constantemente en dirección oeste guiado por una lejana colina que descollaba por encima de las demás elevaciones del ondulado desierto. Acampé esa noche, y al día siguiente proseguí la marcha hacia la colina, aunque parecía escasamente más cerca que la primera vez que la descubrí. Al atardecer del cuarto día llegué al pie de dicha elevación, que resultó ser mucho más alta de lo que me había parecido de lejos; tenía un valle delante que hacía más pronunciado el relieve respecto del resto de la superficie. Demasiado cansado para emprender el ascenso, dormí a la sombra de la colina.
No sé por qué, mis sueños fueron extravagantes esa noche; pero antes que la luna menguante, fantásticamente gibosa, hubiese subido muy alto por el este de la llanura, me desperté cubierto de un sudor frío, decidido a no dormir más. Las visiones que había tenido eran excesivas para soportarlas otra vez. A la luz de la luna comprendí lo imprudente que había sido al viajar de día. Sin el sol abrasador, la marcha me habría resultado menos fatigosa; de hecho, me sentí de nuevo lo bastante fuerte como para acometer el ascenso que por la tarde no había sido capaz de emprender. Recogí mis cosas e inicié la subida a la cresta de la elevación.
Ya he dicho que la ininterrumpida monotonía de la ondulada llanura era fuente de un vago horror para mí; pero creo que mi horror aumentó cuando llegué a lo alto del monte y vi, al otro lado, una inmensa sima o cañón, cuya oscura concavidad aún no iluminaba la luna. Me pareció que me encontraba en el borde del mundo, escrutando desde el mismo canto hacia un caos insondable de noche eterna. En mi terror se mezclaban extraños recuerdos del Paraíso perdido, y la espantosa ascensión de Satanás a través de remotas regiones de tinieblas.
Al elevarse más la luna en el cielo, empecé a observar que las laderas del valle no eran tan completamente perpendiculares como había imaginado. La roca formaba cornisas y salientes que proporcionaban apoyos relativamente cómodos para el descenso; y a partir de unos centenares de pies, el declive se hacía más gradual. Movido por un impulso que no me es posible analizar con precisión, bajé trabajosamente por las rocas, hasta el declive más suave, sin dejar de mirar hacia las profundidades estigias donde aún no había penetrado la luz.
De repente, me llamó la atención un objeto singular que había en la ladera opuesta, el cual se erguía enhiesto como a un centenar de yardas de donde estaba yo; objeto que brilló con un resplandor blanquecino al recibir de pronto los primeros rayos de la luna ascendente. No tardé en comprobar que era tan sólo una piedra gigantesca; pero tuve la clara impresión de que su posición y su contorno no eran enteramente obra de la Naturaleza. Un examen más detenido me llenó de sensaciones imposibles de expresar; pues pese a su enorme magnitud, y su situación en un abismo abierto en el fondo del mar cuando el mundo era joven, me di cuenta, sin posibilidad de duda, de que el extraño objeto era un monolito perfectamente tallado, cuya imponente masa había conocido el arte y quizá el culto de criaturas vivas y pensantes.
Confuso y asustado, aunque no sin cierta emoción de científico o de arqueólogo, examiné mis alrededores con atención. La luna, ahora casi en su cenit, asomaba espectral y vívida por encima de los gigantescos peldaños que rodeaban el abismo, y reveló un ancho curso de agua que discurría por el fondo formando meandros, perdiéndose en ambas direcciones, y casi lamiéndome los pies donde me había detenido. Al otro lado del abismo, las pequeñas olas bañaban la base del ciclópeo monolito, en cuya superficie podía distinguir ahora inscripciones y toscos relieves. La escritura pertenecía a un sistema de jeroglíficos desconocido para mí, distinto de cuantos yo había visto en los libros, y consistente en su mayor parte en símbolos acuáticos esquematizados tales como peces, anguilas, pulpos, crustáceos, moluscos, ballenas y demás. Algunos de los caracteres representaban evidentemente seres marinos desconocidos para el mundo moderno, pero cuyos cuerpos en descomposición había visto yo en la llanura surgida del océano.
Sin embargo, fueron los relieves los que más me fascinaron. Claramente visibles al otro lado del curso de agua, a causa de sus enormes proporciones, había una serie de bajorrelieves cuyos temas habrían despertado la envidia de un Doré. Creo que estos seres pretendían representar hombres... al menos, cierta clase de hombres; aunque aparecían retozando como peces en las aguas de alguna gruta marina, o rindiendo homenaje a algún monumento monolítico, bajo el agua también. No me atrevo a descubrir con detalle sus rostros y sus cuerpos, ya que el mero recuerdo me produce vahídos. Más grotescos de lo que podría concebir la imaginación de un Poe o de un Bulwer, eran detestablemente humanos en general, a pesar de sus manos y pies palmeados, sus labios espantosamente anchos y fláccidos, sus ojos abultados y vidriosos, y demás rasgos de recuerdo menos agradable. Curiosamente, parecían cincelados sin la debida proporción con los escenarios que servían de fondo, ya que uno de los seres estaba en actitud de matar una ballena de tamaño ligeramente mayor que él. Observé, como digo, sus formas grotescas y sus extrañas dimensiones; pero un momento después decidí que se trataba de dioses imaginarios de alguna tribu pescadora o marinera; de una tribu cuyos últimos descendientes debieron de perecer antes que naciera el primer antepasado del hombre de Piltdown o de Neanderthal. Aterrado ante esta visión inesperada y fugaz de un pasado que rebasaba la concepción del más atrevido antropólogo, me quedé pensativo, mientras la luna bañaba con misterioso resplandor el silencioso canal que tenía ante mí.
Entonces, de repente, lo vi. Tras una leve agitación que delataba su ascensión a la superficie, la entidad surgió a la vista sobre las aguas oscuras. Inmenso, repugnante, aquella especie de Polifemo saltó hacia el monolito como un monstruo formidable y pesadillesco, y lo rodeó con sus brazos enormes y escamosos, al tiempo que inclinaba la cabeza y profería ciertos gritos acompasados. Creo que enloquecí entonces.
No recuerdo muy bien los detalles de mi frenética subida por la ladera y el acantilado, ni de mi delirante regreso al bote varado... Creo que canté mucho, y que reí insensatamente cuando no podía cantar. Tengo el vago recuerdo de una tormenta, poco después de llegar al bote; en todo caso, sé que oí el estampido de los truenos y demás ruidos que la Naturaleza profiere en sus momentos de mayor irritación.

Cuando salí de las sombras, estaba en un hospital de San Francisco; me había llevado allí el capitán del barco norteamericano que había recogido mi bote en medio del océano. Hablé de muchas cosas en mis delirios, pero averigüé que nadie había hecho caso de las palabras. Los que me habían rescatado no sabían nada sobre la aparición de una zona de fondo oceánico en medio del Pacífico, y no juzgué necesario insistir en algo que sabía que no iban a creer. Un día fui a ver a un famoso etnólogo, y lo divertí haciéndole extrañas preguntas sobre la antigua leyenda filistea en torno a Dagón, el Dios-Pez; pero en seguida me di cuenta de que era un hombre irremediablemente convencional, y dejé de preguntar.

Es de noche, especialmente cuando la luna se vuelve gibosa y menguante, cuando veo a ese ser. He intentado olvidarlo con la morfina, pero la droga sólo me proporciona una cesación transitoria, y me ha atrapado en sus garras, convirtiéndome irremisiblemente en su esclavo. Así que voy a poner fin a todo esto, ahora que he contado lo ocurrido para información o diversión desdeñosa de mis semejantes. Muchas veces me pregunto si no será una fantasmagoría, un producto de la fiebre que sufrí en el bote a causa de la insolación, cuando escapé del barco de guerra alemán. Me lo pregunto muchas veces; pero siempre se me aparece, en respuesta, una visión monstruosamente vívida. No puedo pensar en las profundidades del mar sin estremecerme ante las espantosas entidades que quizá en este instante se arrastran y se agitan en su lecho fangoso, adorando a sus antiguos ídolos de piedra y esculpiendo sus propias imágenes detestables en obeliscos submarinos de mojado granito. Pienso en el día que emerjan de las olas, y se lleven entre sus garras de vapor humeantes a los endebles restos de una humanidad exhausta por la guerra... en el día en que se hunda la tierra, y emerja el fondo del océano en medio del universal pandemonio.
Se acerca el fin. Oigo ruido en la puerta, como si forcejeara en ella un cuerpo inmenso y resbaladizo. No me encontrará. ¡Dios mío, esa mano! ¡La ventana! ¡La ventana!

                                                             FIN.

Lovecraft signature.svg
Leer texto completo  en inglés: Dagon (complete)


sábado, 10 de agosto de 2013

LES PALMERETES (las palmeras)

Hoy es un día especial e importante... Y aunque este pequeño relato ya ha sido publicado anteriormente, sentía la necesidad de volver a hacerlo hoy, por el significado que tiene para mi y para ti. No importa el escrito. Pero sí la esencia, y la huella que quedó grabada en su momento.


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Había comenzado el otoño, pocos días atrás, pero la temperatura era aún cálida, parecía cualquier día de verano, aunque cierto es, que la brisa ya venía con su aroma otoñal. Se respiraba en el ambiente, el aroma a azahar. Después de haber salido de aquél pequeño pueblo, se dirigieron hacia la costa. Apenas tenían diez o quince minutos de trayecto en coche y el sol aún permanecía destellan-te. 

Él, ya tenía planeada esa visita a la playa, sabía que ella se iba a emocionar al llegar a aquél lugar, dónde había pasado largas temporadas en su niñez.
 La llegada a ese paseo de cemento, con grandes palmeras en los bordes, edificios altos y pequeñas casas decoradas con motivos marinos, llegaba hasta la orilla del mar.
  Le había dado un vuelco el corazón al verse de nuevo allí, después de tantos y tantos años. Las emociones, los recuerdos, los dulces momentos allí vividos le saboteaban fuertemente su mente y corazón. Por unos instantes, se volvía a sentir como aquella  niña que jugaba en los alrededores. La niña que tanto disfrutó de aquél mar,del cual, jamás le importaba si estaba en calma o enfurecido, simplemente sentir el salitre, le era suficiente.






Al final del paseo, había una avenida que cruzaba todo el acceso hasta la playa, ésta, en su estado más puro, con su propio silencio, con su rugir de las olas, se encontraba solitaria. Apenas se veía a lo lejos, un par de ancianos paseando por la orilla mojándose los tobillos y un hombre sentado en una hamaca, tomando los últimos rayos de sol, mientras un niño jugaba construyendo castillos de arena. Serenidad, calma, transmitía ese ambiente.


Anduvieron muy pocos pasos, cuando se quedaron los dos, con la vista perdida, ante esa inmensidad azul marina. Tras sus espaldas, un edificio de ocho alturas parecía recobrar vida. Seguía ahí, exactamente igual que ella lo recordaba desde hacía décadas. Pintado en otro color más oscuro, pero sus ladrillos tenían aún grabadas aquellas risas de la infancia, que para ella, aún lejanas, eran percibidas como si fueran de ayer.

La brisa, húmeda pero con ese aroma marino que a ella tanto le gustaba, se enredaba en su cabello, se sentía arropada por ese viento tan familiar que le había acompañado hasta su juventud...


La calma. El silencio que se respiraba, Tan sólo el murmullo de las olas y el suave soplo del viento permanecían latentes en ese ambiente único tan familiar.

Ahí, en ese lugar,  ellos habían vivido su enamoramiento, su historia de amor aún perdurable. Todo amor tiene un comienzo y esa avenida había sido testigo voluntario del delirio activo de ambos.
  Volver ahí, tomados de las manos con todo lo que el tiempo les había hecho cargar sobre sus espaldas... se sentía con fuerzas, con el ansia, con la vitalidad suficiente de resurgir, como lo hacen las olas, siempre irrompibles y no dejarse vencer jamás. Una lucha constante. Un amor verdadero que nació con el sonido del mar en una juventud inocente.
Ahora, en este otoño maduro, las ansias de amor, de amar, de sentir... seguían en pie.

Onice © Reservados todos los derechos.


viernes, 5 de julio de 2013

*** Hojas de Hierba *** (fragmento) * * Walt Whitman *

 "Creo que una brizna de hierba no es inferior a la jornada de los astros
y que la hormiga no es menos perfecta ni lo es un grano de arena...
y que el escuerzo es una obra de arte para los gustos más exigentes...
y que la articulación más pequeña de mi mano es un escarnio para todas las máquinas.
Quédate conmigo este día y esta noche y poseerás el origen de todos los poemas.
Creo en ti alma mía, el otro que soy no debe humillarse ante ti
ni tú debes humillarte ante el otro.
Retoza conmigo sobre la hierba, quita el freno de tu garganta. 
(...)
Creo que podría retornar y vivir con los animales, son tan plácidos y autónomos.
Me detengo y los observo largamente.
Ellos no se impacientan, ni se lamentan de su situación.
No lloran sus pecados en la oscuridad del cuarto.
No me fastidian con sus discusiones sobre sus deberes hacia Dios.
Ninguno está descontento. Ninguno padece la manía de poseer objetos.
Ninguno se arrodilla ante otro ni ante los antepasados que vivieron hace milenios.
Ninguno es respetable o desdichado en toda la faz de la tierra.
Así me muestran su relación conmigo y yo la acepto. 
(...)
No pregunto quién eres, eso carece de importancia para mí.
No puedes hacer ni ser más que aquello que yo te inculco. " 


 Walt Whitman (1819-1892)

miércoles, 8 de mayo de 2013

**** Página 1460 (y una). **** (Archivo de la visión final)


En realidad, no sé que decir.
Ha pasado el tiempo, y yo; he enumerado hasta aquí.
No sé el destino de esta historia, pero quizás lo estoy escribiendo en este momento. Teníamos un acuerdo, y… creo que no lo he de cumplir. No, tú tampoco debes, quieres, puedes cumplir. Ya no importa.
Intenté encontrar las respuestas; como es costumbre, y con ellas pretendí resolver el final de aquello que ha traído tantas puestas de sol.
Sin embargo, todo es oscuro. No;  ya se ha detenido la cuenta.

-No preguntaré, pues no quiero historias que vistan de luto en mis futuros ayeres. -Busco “por siempres” y no efímeros pasajes o pedazos de sueño, de tiempo, de nada, No pretendo más que ser; quien debo ser. Así me han forjado las ausencias, la muerte, las montañas, los retornos, unas cuantas verdades y las decisiones, aunque no fueren mías todas ellas.

-No iré tras una respuesta, pues no soy recreo ni oasis; ni voluntad de un instante. Mucho menos una historia que citar cuando la palabra se torne superflua y los labios se estremezcan sólo para hacer del tiempo una rosario de pérfidos recuerdos.

-No buscaré una razón; porque creo que no es justo borrar lo que no se ha escrito, y lapidar el destino concebido en la paciencia y el anhelo de la historia que no es mía; y que yo. Ya escribí.

Pero…quizás, nunca obtuve tres respuestas; y tan sólo fui asaltado por tres dudas; pero…
Algo logré responder; la respuesta a la pregunta que nunca cerré, esa respuesta que no es otra, y que es: la respuesta evidente.

040107040111.

viernes, 3 de mayo de 2013

El Templo de las Memorias. Capítulo Primero (Parte1)

ENCUENTRO.


Recién había llegado a aquel mundo; y asomó a la ventana.
De este lado del Atlántico, Helios; desde lo alto; alardeaba de su cálido fulgor dorado. De aquel lado, Selene comenzaba su paseo por el índigo infinito que cobija el ensueño de los usuales humanos, mientras ella; la protagonista de tal acto, provoca el aullido de de las bestias solitarias en los bosques, y  roba el suspiro de los que se creen (y los que son) poetas.

-Buenas Noches- debió decir aquella cuyo nombre significa “Hermosa por dentro y por fuera”
-Buenas Tardes-  contestó el recién llegado (seguramente)

Y  así, comenzó una charla de la cual no existe memoria precisa en ningún  intelecto humano; pero que fue registrada en el libro de la vida de aquellos presentes. Cronos mismo escribió ese capitulo. Cronos mismo; aún relata esa historia.

-Es de noche aquí – debió decir la diosa, quien con gentileza, manifestó haber llegado a aquel mundo no mucho antes.
-Bienvenido,  siéntete cómodo-. fue en resumen; el discurso de la noble e intangible figura de nombre ancestral, el cual nunca necesitó decir; pues se encontraba grabado en una esquina del brillante cristal a través de la cual manifestó su existencia.
La voz sin sonido, siempre sensata, firme y a la vez tranquila, permitió que los minutos rodaran sin ninguna pretensión o alarde ...

Aquel; era un mundo nuevo para el viajero cuyos ropajes eran la noche de sol y el día nocturno
Otrora el Sol; había descubierto las brunas y líquidas palabras del errante; había atendido a sus silencios hablantes y a la voz extendida en la blancura indefensa. Luego, fue la Luna; quien entonces replicó: “Encuentra un lugar para las palabras sin voz y siembra allí”

De aquello; hace ya 12 eclipses solares (sobre La Tierra) y cerca de 4841 caídas de la estrella regente por el horizonte de la península.

-Ha resultado muy grato-  debió decir el  extraño de la voz azul (Y lo fue)
-Igualmente- debió contestar la sutil dama con insignia de diosa y templanza de mineral azabache.

No pasarían muchos días desde el primer encuentro, para que aquellos desconocidos sin rostro y con voz luminosa se encontraran de nuevo; y dialogaran e intercambiaran retratos verbales; los cuales darían al eclipse y la esposa de faraón la oportunidad de descubrir o quizás develar la fisonomía de su esencia.
 Luego una y otra vez más; las reuniones se sucedieron, hasta que las palabras “extraños” y “desconocidos” caducaron; y ya no pudieron ser enunciadas en la historia cuyo exordio  no es otro que este.

Seis, siete horas, eso jamás ha cambiado; A veces  el eclipse queda atrás en el tiempo, o quizás es Ella, quien llega primero al mañana, sin embargo como fruto de un enigma  del tiempo o un evento mágico; los seres se reúnen, sin ayer ni mañana, para continuar develando los misterios de sus intangibles vidas y continuar grabando su perdurable historia, historia que hoy tiene su propio lugar, su propio rincón en el vasto infinito; historia que llevó a construir  - EL Templo de las Memorias.


jueves, 25 de abril de 2013

******** En Esencia ********


En esencia, creé este Blog; para jamás extraviarme; para que me sirviera como faro en los océanos del tiempo; pero así; y a su vez; que me sirviera cual navío y  me permitiera salvar las distancias más amplias; verdaderos océanos de agua que habría que cruzar para encontrar algunos seres queridos. Este Blog, en esencia; se creó cual metáfora del empíreo; para que todo aquel que supiese el significado y alzará la mirada; le pudiera encontrar sin importar el nombre de la tierra que pisara.
Este Blog, en esencia; se creó como puerto, para que en él atracaran algunos viajeros de esta vida, en esencia se creó como templo; para ser concebido como un sitio de resguardo espiritual.
En esencia; este Blog; no es más que otra parte de mí.

Ahora, he regresado; prueba de que el rincón de la memoria, o “el templo” como le llamó mi muy querida amiga Ónice. Ha sobrevivido a las tempestades previstas; el tiempo, la distancia y el olvido.
Hace poco regresé; aunque nunca; a pesar de no anclar en este puerto; olvidé su magia su propósito, sus gratos y siempre queridos participes o su esencia. Otros blogs han muerto en mis manos, han caído en el olvido… quizás esos… carecían de la esencia.

Hoy contemplo este lugar, y a pesar de su “evolución” para hacerse un rincón más ameno para los extraños y propios y hasta quizás interesante (cual fue mi propósito) no ha cambiado su sentido; no pretendo sepultar el cimiento de este “Templo” con adobes desprovistos de espíritu. Todo ha sido un truco; pues a pesar de estar ahora publicando cantidades de “entradas”  y abarcando múltiples temáticas; quiero creer y sentir (y lo hago) que este es el rincón de unos cuantos seres que lograron trascender su limitada condición humana, para construir un mágico lugar donde lo que impera es la esencia, donde se reúnen las almas.
El conducir este lugar hacia senderos como la música; las reseñas poéticas de autores de carácter mundial y demás es algo grato, pero debo confesar que no es; como no fue ni será, el propósito de este Blog.
Para mi; ya lo he dicho; es un truco; un truco con el cual quise adornar este lugar y llenarlo de cosas que me gustan; algo así como… “decorar la casa”, dedicando tiempo a ella… con el fin de siempre poder pensar  “he dedicado tiempo, ha quedado bien, me gusta; lo comparto con gusto;…NO LE PUEDO VOLVER A ABANDONAR”

Pero en esencia, en esencia, este es el mismo lugar que creé aquel mes de Agosto del año 2009, un lugar donde lo decorativo es “lo demás” porque lo principal y lo vital, lo importante y lo que queda en la memoria, es nuevamente: La esencia.

sábado, 13 de abril de 2013

EL TEMPLO DE LAS MEMORIAS


Prólogo



Existe un templo para las memorias y los eclipses. Allí, hay una diosa de tierras milenarias y habita desde que la luna, fue iluminada por el sol... por siempre. Desde la tierra apenas se diferencia, pasa desapercibido. Tan sólo unos pocos, saben de su existencia. Es un punto diminuto perdido en el espacio, está rodeado de planetas, y uno de ellos, el que está alineado hacia el templo dorado, es el hogar del Señor de los Eclipses (así se le conoce en el cosmos). Él, fue quién lo construyó, estrella a estrella, con sueños y razones, y por ello, es el guardián, el protector de todos los que allí moran.
Lo mantiene en pie, con todo su esplendor, para que la magia, las ilusiones, las palabras nunca decaigan.

   Sobre el universo celeste, yace el pequeño santuario, morada de algunas almas. Sus bóvedas, están construidas de firmamento e infinidad de estrellas fugaces la recorren,  dejando en su espacio luz, profundidad, paz a los que la observan.
  Pero hay una estrella fugaz especial. Su brillo es más intenso y a su paso esparce minúsculas partículas que se reflejan en cada rincón del templo, dibujando fina arena en una orilla de la playa de ese universo. Pernota desde que la luna está presente, aunque no sea de noche. Y el señor de los Eclipses, le ha dado un nombre... una estrella especial, llamada Itamar.
 Una dama de azul es la musa del templo. Vive en cada estancia. Su cuerpo flota en el aire con la suavidad y delicadeza que le merece, como una hada angelical, siempre compañera del silencio. Se comunica con el Señor de los Eclipses, pero jamás con palabras. Son sus almas las que hablan, unidas por un pequeño mundo dónde no existe el adiós. Un mundo de ensueños, dónde la magia y la amistad, siempre prevalecen.

  Una pequeña sirena, ha varado en el templo. Es de una gran belleza, pero mucho más por dentro. La dama la recibe, con los brazos abiertos. La estrella fugaz la envuelve y le habla de océanos, de rojos corales, que ha visto por su paso por el mundo (por los comienzos). Para la grácil sirena, no hay vida en el templo. No hay aguas para permanecer, no hay mundo para sumergirse, y varada, poco a poco, va consumiéndose.... Pero el Señor de los Eclipses, guardián de todo el cosmos, un pequeño mar azul, en el templo ha creado. Le ha dado el color de la vida y de la amistad, el de la confianza, y la pequeña sirena, ha hecho ahí su morada.

  Hoy, habrá un eclipse, y la dama de los cuervos visitará el templo de las memorias. Y como cada día, la gran bola amarilla resurgirá, y la oscuridad, será luz, iluminando el vuelo de una dama. Sus ojos resplandecerán borrando de ellos, sus tristezas. Es una atracción especial, la que la acerca, la que la atrae.
  La diosa del templo,  el Señor de los Eclipses, la estrella fugaz llamada Itamar, la sirena pequeña varada, la musa, y la dama de los cuervos, vivirán por siempre, en ese universo azul, dónde el silencio, la palabra, la luz, la amistad, quedará por siempre, latentes en sus memorias.

aquí dejo esto, para que el Señor de los Eclipses y todos los moradores  de este templo... dejen la continuidad de esta historia.
Con mucho cariño, para todos ellos.

martes, 2 de abril de 2013

Hoy es de esos días que te levantas con buen pie... se tuerce el día..... pero al final, cae la noche y te deja una sonrisa.... El reencuentro con una vieja amiga de la infancia... que a pesar de los años, siempre la he sentido cerca.... Y el retorno de esta Memoria llena de luz... Hace unos días, después de un letargo tiempo... volví a reencontrarte amigo, con quién he compartido muchas letras.... hoy hay dos motivos.... para sonreir.

jueves, 28 de enero de 2010

"La gente habla de mí. Si la gente supiera lo que pienso de ella, no hablaría"

Si la gente supiera lo que yo pienso de ella no se atreverían tan siquiera a pronunciar una sola palabra.
Lo pienso y me lo callo. Tanto lo bueno como lo malo, lo dejo en la más absoluta reserva.
Si las miradas mataran no habría necesidad de hablar. Los prejuicios son ensordecedores y devastadores; columnas que empañan nuestros ojos.
La cobardía es su esencia, gente que vive de las apariencias, gente que teme demostrar la nobleza del alma, que teme decir a alguien un te quiero sincero.

Quieres conocerme , pero no te atreves ¿Cierto? le tienes miedo a las miradas casi absurdas de los otros.

Lo que pienso de ti, no tienes idea, no la tienes y nunca la tendrás, a menos que...
A menos que interfieras en el eco de mis pensamientos.

Puedes seguir dialogando de sólo lo que crees de mí, puedes seguir creyendo que haces una clara y muy rotunda interpretación, sigue creyéndolo. Déjame decirte que es lo único que obtendrás, siempre tendrás la duda ¿No? Siempre la tendrás.

No sigas hablando podría sorprenderte lo que pienso de ti, quizá quedes perplejo, quizá te sientas culpable...

Quizá cuando logres descifrar lo que pienso, ya no estaré aquí.

martes, 22 de septiembre de 2009

(Sin Título)

Hoy no se si saldrán de mi boca palabras, ni si mi corazón ahora mismo vestido de impotencia y rabia, podrá descifrar las emociones que tengo.... Hoy no escribo memorias, ni recuerdos (la verdad es que ni siquiera se que estoy escribiendo). Por lo que de antemano pido disculpas a quien lea esto que tal vez no tenga sentido alguno.

Hoy, en nuestro abrazo, tus ojos desorbitados tenían hambre de saber porque.... incomprensión y rabia, dudas, impotencia.....

"Celeste".... ese era su nombre y lo seguirá siendo por siempre. Nombre de firmamento, de universo, de inocencia y de paz.

Otra muerte mas. Otro dolor que causa ahogo. Me enseñaron sobre valores humanos, sobre justicias, a no odiar, a no guardar rencor, pero estas cosas superan a uno mismo... dicen que el tiempo cura, que el dolor se va desvaneciendo poco a poco... algo erróneo.

Tan solo 16 años. Toda una vida por vivir, por conocer, por disfrutar, por entender. Todo un camino a sus pies, que hoy han talado. No te han dado la oportunidad de equivocarte en la vida, de aprender, de vivir con intensidad cada una de tus emociones, de realizar tus sueños....

Tan corta edad, tan temprana, y tan solo has recibido tormento, vejación, dolor, sufrimiento.

Si de verdad existe un Dios (cosa que muchas veces pongo en duda), ha mirado hacia otro lado. Tan solo eras una niña, a la que su madre adoraba y sus amigos querían. Siempre recordaremos a esa pelirroja pecosilla, de sonrisa dulce, que quiso hacerse mayor....

¿justicia? ¿realmente habrá justicia? solo se que aun habiéndola, no volveremos a recuperarte jamás. Hoy, en este templo, quiero depositar a una pequeña estrella (también fugaz). Te han arrebatado tu vida, pero tu luz, tu recuerdo, siempre estará aquí. Si existe el de ahí arriba, que te acune cada noche. Nosotros lo haremos desde este otro lado.

Hasta pronto pequeña. Que este universo azul celeste, te de al menos, la paz que mereces.

Onice.

martes, 15 de septiembre de 2009

QUIZAS... UNA CARTA

En realidad me habría encantado acercarme a este espacio con un maravilloso escrito, pero en estos días las palabras parecen ser un poco… reacias dejarse encontrar por la inspiración, sin embargo, el impulso es suficiente para traerme a aquí a dejar al menos una nota.
Hace ya varias noches escribí algo que en verdad resultó muy emotivo para mí, aunque… hora al leerlo, más bien me parece un poco exagerada, adema porque... carece de todo sentido.
(Excepto para mí)
Más bien pretendo el día de hoy expresarme de otra forma, sin palabras que se extiendan
en l a metáfora (habitual) o caigan en lo juegos de mi mente figurativa.

(Quizás propiamente carezco de palabras hoy, pero… algo quería decir)
En estos días he estado inundado por memorias y” visiones fantásticas” de aquella utopía que ya debe resultar familiar a quienes me conocen por dentro.
Si!! Muchas conversaciones sobre estrellas, la percepción de la realidad, la emotividad, la vida misma; y sin duda: colores, lunas y atardeceres. Además de memorables experiencias de “azul oscuro” caminata o silencio.
Oh! ...Y tantas cosas que aun faltan, y tantas personas (ustedes) que he anhelado tener a mi lado y con las cuales compartir un poco mas de mi locura.

He extrañado bastante también;(seguramente a ti, que ahora me lees) pero el tiempo (y es bien sabido lo que ocurre conmigo en el tiempo) me hace de nuevo sus malas pasadas.

Hoy, quizás un poco por que he tenido un receso (en mis tareas y también bloqueos internos) y aunque sin tener nada “loable” que se pueda leer, me he resuelto a dejar unos renglones que habrán de ser aquello mismo que pretende este lugar. (el lugar de las memorias)
Me habría encantado tener palabras correctas o quizás... un poema previamente escrito y un tanto digno de ser leído, pero, sabrán entenderme mis amigos, pues “no siempre hay palabras”.

Podría en medio de todo esto resumir; pues en realidad cada línea no pretende mas que expresar mi gratitud y cariño para con aquellos seres fantásticos que se atrevieron a entrar en este cuento de hadas, o quizás …”locura “ y que uno a uno me han regalado momentos para jamás olvidar , palabras , abrazos, canciones , silencios , miradas , y también el hermoso y triste sentimiento e hacerme extrañarles.


Sus señales existen!!! Sus señales siempre existirán!!
-Porque el azul jamás acaba y cada noche hay media noche;
-Porque el sol me dice que tu sigues siendo mi hermana;
Y el cielo sin estrellas fugaces… me hace pensar más en ellas (y así burlo su ausencia)
-Porque con un poco de paciencia…. Puedo ver otra luna llena;
-Porque tengo tu diario, o tu voz, o un recuerdo aún sin vivir.
Porque guardo los mensajes aunque pasen los años
- y a cada paso y cada dia y a cada quien; de alguna manera le sigo viendo conmigo.

DRYELL.

lunes, 10 de agosto de 2009

Algunos sueños sí pueden hacerse realidad...
Gracias, amigo mío, siempre, siempre, bajo el mismo sol.

¡Pasad, memorias! ¡Pasad, recuerdos!

01-02-09

Hoy es un día especial, porque he llegado a la vida. Soy lo que soy, y lo que quiero, pero aún muy pocos pueden aceptarlo.
Retomo de nuevo este cuaderno. Vuelvo a escribir.
He recorrido tus hojas con gran nostalgia, aquellos días eran distintos, los paisajes de mi vida pintaban otros colores, las aspiraciones eran grandes, mi esperanza estaba en pleno retoño pese a las dificultades.

Todo es tan triste ahora, trato de controlar mis emociones una a una, como antes solía hacerlo, pero me encuentro con mi desconcertada alma, con la soledad que ciertamente he descubierto, con el desasosiego frente la imposibilidad de una vida normal, sólo un tormento de larga noche, sólo el comienzo de lo inexplicable.

(fragmento 2002)
Son mis tres colores, a los que admiro y prefiero, ninguno prevalece sobre otro. Los quiero por igual, los consiento a diario, y son mi fuente de tristeza y alegría. Estos colores causan en mi muchas sensaciones, pero no sólo eso, también despiertan sentimientos muy grandes, de emoción, de simpatía. Son precisamente ellos los que trascienden mi imaginación, me llevan a soñar y a soñar en un mundo infinito, donde todo se torna gris pero de pronto se esparce el azul, donde la naturaleza con sus arboles me brinden tranquilidad y sosiego, el frío y la neblina me ayudan a pensar en la posibilidad del calor, a experimentar la sensación de sentirse libre, en medio de tanto verde, en medio del cielo en donde hay nubes grises y espacio azul. Para mi en la vida siempre habrá una parte oscura, melancólica, otra viva y clara, porque lo uno depende de lo otro.

Con el verde me siento a salvo, libre y segura. Con el gris me siento melancólica, triste, pero no derrotada, porque me lleva a una profunda reflexión, por tal razón me gusta ver llover; en algunas ocasiones, para mi representa la sencillez que creo yo me caracteriza. Con el azul me siento en el cielo, para mi representa mis sueños, mis aspiraciones, el azul es tranquilidad como las olas del mar, pero al mismo tiempo es frío.

Eres tú mi palabra sueño que palpita día a día en mi corazón, que inundas mi cabeza con tu poder insinuante y conquistador, eres tan poderosa como un vendaval, vas de un lado a otro como un niño en busca de su juguete.

Hoy¿Sabes cuaderno? Ahora mi color es el gris. El azul prontamente ha desvanecido, me aterra mirar el cielo y descubrir, que antes, era parte de el. Mis sueños se desmoronan lentamente. Ya no hay más corrientes de agua salada, ya no hay un oleaje tranquilo. Creo que mi vida es como el cielo mismo en pleno invierno. El verde, la naturaleza, quien era antes mi más tierna amiga, torna lentamente al casi indescriptible color ocre, sólo dejo hojas secas tras mi paso.

Volver al hospital y por lo mismo no fue fácil, al sentir aquel olor, la de aquella sustancia, que me devolvía la respiración, regrese a la infancia, recordé cuanto sufría yo en ese entonces, esto fue un aliciente para mí, pues ahora era más fácil soliviar el dolor que penetraba al mismo tiempo que el oxigeno.

Fantasía, ¡Oh anhelada fantasía! Recorre los senderos de mi alma, aniquila las tormentas que me atrapan, condúceme al infinito; a mis entrañas.

Este escrito está lleno de incoherencias de eso se trata, tan enmarañado como estas consonantes, estas vocales que aquí plasmo. La tristeza es tan infinita como el universo mismo, quisiera olvidar de pronto que quizá existo, comunicarme como en tiempos remotos por señales de humo, cerciorarme en mis más descabellados sueños, dormir eternamente, morar sin causa alguna, internarme en el vacio…
DESAPARECER

EINSAME DAME,
LA_MUSA

ENCUENTRO (CON LUNA EN EL JARDIN)

04-07-08

Sobre el ayer vienen mis letras,
desbordadas de mi mente y algo más.
Un nuevo silencio,
un instante más de lejanías encontradas y un verso no escrito,
-que clamaba por brotar en los labios, -pero se ahogó en la garganta, se fue con el humo, y murió con el polvillo gris de aquél cigarrillo que justificó el momento.

Salvar la muralla invisible no debía ser prudente y quizás imposible...
Fumabas entonces, taciturna, y observando con el rabillo del ojo, igual que yo. Tan sólo esperando el final de la ceniza,- como callando lo que decía el lugar y obligaba el instante. Llegar hasta allí, suponía de antemano un encuentro de palabras “de no hablar” de miradas que no ven y espacios dibujados en blanco.
Pensabas, pensé, y no se dijo nada, y ahora… sólo tengo el papel y la pluma para decir en un rincón lo que el ayer se tragó.
Debí decir “lo siento”, quizás un “te extraño”…y no habría mentido, pero mis leyes no permiten la flaqueza. -¡los tiranos no colocan su rodilla en tierra! - ¡los ogros no lloran! -¡no se puede…ser tan “humano”!
Y, así, se marcharon los minutos, de lado, cómplices de nada, porque ni tú ni yo tenemos ya “nada que decir”


DRYELL

DESESPERANZA

12-06-08

Los minutos penetran en mí, cual agujas. Los instantes son breves letargos de mi conciencia, el llanto cree limpiar las impurezas del dolor. Hoy en mi corazón, desapercibida y sin dirección, mi alma no encuentra distracción. Eventualmente declino en lo absurdo, en lo paradójico. Aún no contesto a mis más fieles interrogantes, sin prisa doy pasos tambaleantes. Tartamudeo incesantemente, repito incoherencias ¡Cuánto quisiera apartarme de la existencia!

Aquí en mi cubo de lamentos, mis sentidos están colapsando, tras la persiana no hay algo mejor, pero quizá frente a ella no se encuentre nada.
¿Realidad o ficción? ¿Cuál es la diferencia? Depende del observador. Como quisiera asumir diferentes personajes, pero lamentablemente soy uno solo.

El más allá es sublime, el más acá es aterrador.

Caigo inevitablemente en lo redundante, como redundante es mi vida. Soy presa de una multitud de vacíos.

Mis pensamientos me juegan una mala pasada, mar de emociones tras el acecho de mis fallas. Consternada en lo utópico, en las palabras jamás escuchadas, solo murmullos en la imaginación.

¿Y quién soy yo? ¿Quién soy? Tal vez en un espejismo dilapidando en el tiempo, un acumulo de desesperanzas, un ser muerto en vida, un camino jamás recorrido, ¡jamás! Mi palabra favorita. ¿Quién soy? Quizá no exista.

La_ musa

SIN NADA QUE DECIR

24-05-08

Debo confesar que mi pluma no encuentra palabras.
Guarda silencio la letra en la albura de la página que ofrece su hasta ahora inmaculada comprensión. Pero diserto, desvarío, motivado por la necesidad enterrada en mi criterio, en mi alma… y el propio compendio de elegías que resguardan sus semillas sin brote fulgente o primavera.
Poco a poco riego el increpante y quizás desteñido guiñapo de grafemas que me aborda con afán de amanecer, como escapando de mi, para liberarme de su carga de emociones, confusiones, y pretendiendo encontrar su muerte lejos de mi.
Extrañando, Imaginando, Viendo el tiempo salirse de su cauce,
- sólo pretendo suavizar mis cargas, emancipar los ecos de mis fallas, y arrancar un poco más de mi conciencia.
¡No! No habrá poema para esta noche, ni verso alguno que logre trenzar el alboroto de mi ser en línea decorosa, y mucho menos fidedigna,
No recordaré palabra alguna al terminar, pues yo mismo no comprendo la naturaleza de la letra y mucho menos su intención, será que es lo que soy en el momento, y ¡no soy nada el día de hoy!Voy entonces desperdigando silencios, y dejando todo esto sobre la inocente blancura de un papel que habrá de recordarme mañana,- que hoy no debió existir, y si existió ¡me culpará! por cada tacha y sus inherentes clamores, por cada grito ahogado y el propósito de hacer aquí un trazo donde enterrar… lo que no pude decir.

DRYELL.

PRIMAVERA?

12-04-08


He dibujado el otoño en letras. Lo he desmenuzado en sensaciones, en emociones acurrucadas en mi interior tantas y tantas veces... y sin embargo, ahora mismo soy incapaz de poder pintar, de dar color con metáforas, a los aromas y las esencias de la primavera... Se engarrotan los dedos, las yemas no sienten la pluma ni el alma vibra ni se perfuma con el aire fresco, floral, matutino, que embadurna los días dándoles esa vitalidad, ese calor que desprende vida...
No hay verdor en el paisaje ni se se escucha el murmullo de las olas cuando rompen a la orilla.
No encuentro sonrisas, tan sólo algunas que de cuando en cuando se escapan, yendo a la velocidad de la luz, perdiéndolas al instante y sólo algunas de ellas, quedan como un flash, grabadas en mi mente.
La primavera es de un cielo gris, dónde sus estrellas permutan dejándo de ser incandescentes; ya no embrujan las miradas ni forman un firmamento único, (en esplendor), ya no iluminan ni enriquecen a los ojos.
No escucho el canto de los gorriones al amanecer,- esa melodía que acariciaba mis tímpanos.- Sólo percibo el gélido y frío helor que causa la ciudad de cemento.
No veo la alegría, no traspasa a las emociones, no siento su cosquilleo en la piel, ni se acurruca adormecida en la cama; tan sólo, veo deslizarse a la tristeza cada noche por mi almohada, como si fuese una escurridiza serpiente venenosa, que no se deja atrapar y se arrastra con impetuosidad, hasta conseguir enrollarse en la garganta, asfixiando, matando y ahogando felicidades del ayer.Florecen las flores, las rosas, pero sus aromas siguen dormidos; sus colores y sus tallos, perecen antes de abrirse al mundo en su estado más bello y puro.
La primavera, está dormida.

No se enreda la brisa en la cara, ni el sol calienta los días. Yo, juego con el sol.
-Con esa gran bola amarilla que el mundo sostiene. Le desafío a mirarle a sus ojos; y los míos no cesan de contemplarlo hasta que siento que se abrasan mis pupilas. Me da igual. Me importa un bledo que me queme los ojos, que los deje sin ver ya, ningún amanecer... Antes los amaneceres, eran alimento para el alma, para mi ser. Ahora; ya no son de color anaranjado. No tienen brillo al despertar.
Ya no cantan las pequeñas aves ni los gallos regalan el comienzo de un nuevo día.
Ni siquiera el oleaje se viste con su propia brisa y los corales ya no muestran sus colores arco-iris.

Quiero dormir. Cerrar los párpados y soñar con un vacío dónde mi cuerpo flote. Tal vez, en esa nube que nadie ve, deje de sentir como la vida me araña, aprisionándome todos mis órganos vitales. Quiero cerrar los ojos y dejar de sentirme muerta en vida...
A lo mejor, consigo despertar algún mañana y sobre mi almohada, una rosa roja de tallo largo, verde, sin espinas, esté posada junto a mí, regalándome su aroma primaveral... Tal vez, sólo tal vez, (si esto sucede), será cuando la tristeza abrace a esta soledad y juntas ellas, con sus manos apretadas, se alejen dejándome ver de nuevo, entrar los rayos de sol... a acariciar mi almohada.



Nefer - Onice.

Cita médica

18-02-08

Reflexiones y lluvia de emociones me embargan, cual conexiones neurológicas chispeando en el más remoto universo electromagnético.
A mil revoluciones se encuentra mi alma, -flechas disparadas con disimulo se acercan cada vez más al centro de mi bombeador mecánico, lentamente; voy perdiendo sensibilidad, aunque contradictoriamente, las punzadas no dejan de acechar.

Clínicamente estoy somatizando y tomo palabras prestadas, requiero un médico, claro está, un especialista, para llegar cantando sin previo aviso, One, two, three de Enrique Bunbury…Sin lugar a dudas acudo a él en el vacío de mi conciencia …”
Doctor ¿que no funciona aquí en mi cabeza? ¿ por qué he perdido el control?
- que fácil hacer daño y que te lo hagan a ti,
y a las personas no hay quien las entienda, será que a lo mejor les resulto tan extraño, -¡sí!
"Como ellos lo son para mí.”

Nada alentador pude decirme aquel doctor. Sin embargo le explico detalladamente cada uno de mis síntomas, Dr. No me pregunte por qué, mis hormonas sobre todo las de tipo esteroideo no andan bien; parece que la descarga es continua, mi hipófisis se encuentra en una hipersecreción, al igual que mis órganos blanco, doctor; lo peor de todo, -parece que por ansiedad he comido mucho dulce lo que por una extraña razón he desarrollado una resistencia a la insulina, yo se que parece increíble, mi genio luce irritable, parece que tuviese permanentemente el pico de LH aumentado, la glucosa se encuentra deambulando en mi cerebro, lo cual no me deja pensar con claridad, sufro constantes mareos. Doctor creo tengo un problema muy serio, quizás los datos que aquí le expongo sean totalmente errados y esté tergiversando las cosas, pero no puedo mezclar los posibles diagnósticos que daré en el laboratorio, con asuntos mucho más graves que ahora me afligen, y por eso he venido hoy aquí.

Doctor dígame entonces, quién soy yo, para exigir ahora, -como soluciono tal problema?, tantas luchas internas, tantos demonios atormentándome dentro, ¿Será que requiero un sacerdote? ¿Me encuentro en el lugar equivocado?

- El doctor ríe irónicamente...
Por fin el doctor en algo se ha pronunciado.

Doctor creo que soy un atractor extraño no sigo ningún tipo de linealidad, sin lugar a dudas por aquello que llaman el caos determinista, cualquier condición inicial que varíe en el sistema por mínima que sea, vuelve al mismo impredecible, es probable, que puedan determinarse algunos de sus comportamientos pero no deja de ser tarea imposible.
El azar me juega malas pasadas, o tal vez no, yo escogí esta vida, por temor; ahora, me regocijo, me conformo con lo poco que pueda recibir, el destino, según los sistemas complejos definitivamente no existe, no hay razones por las cuales estar aquí, simplemente estás y ya, que interesante sería ser como las vacas para no pensar en existencialismos inútiles.

Por último doctor, y lo dejo en paz por un instante, ¿A que se debe mi falta de creatividad?


EINSAME DAME (La_musa)

El silencio aún más allá

05-01-08

La penumbra se asoma en mi ventana, el ocaso no consigue ser el de siempre,
las palabras se pierden en la espesura de mi ser, la ausencia de pensamientos de batalla me han llevado extremamente a la derrota.

Dialogo con la adversidad pero jamás me contesta.
- ¿Estas ahí? o ¿qué "jodidos hago"?
Y la cosa se vuelve más tremenda.

De inmediato intervengo en el asunto, como quien no fuera yo, ensimismada,
contradictorio, ¿no? -Recorro el laberinto infinito de cada sueño roto, de cada caricia jamás aplicada y me enfrento a la melancolía sin ninguna posibilidad de defensa, entonces; cual poderoso enemigo; la adversidad y la melancolía deciden fusionarse, dejándome aún más desarmada.

- ¿Por qué las lagrimas siempre cortejan mi alma?
- Es el vuelo inevitable de los años, dice aquella fusión a la cual soy incapaz de nombrar.
- pero que es en realidad el tiempo… ¡vaya fortuna cargo!Y aquella fusión se quedo en silencio.

Comprendí,- que todo eternamente se queda en silencio…
comprendí que sólo me queda confiar en el milagro de la palabra veraz que jamás ha sido escuchada por mi corazón y de la explicación que no es capaz de saciar mi curiosidad existencial.



EINSAME DAME (LA_MUSA)