MEMORIAS Y ECLIPSES

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miércoles, 30 de agosto de 2017

SÁBANAS DE SEDA




Entre sábanas
impregnadas
por el olor de tu cuerpo,
el aroma que me embriaga,
que me seduce,
que despierta los sentidos...

Con nuestras bocas buscándose,
nuestros ojos descubriendo,
nuestras manos rozándose
milímetro a milímetro
cada rincón de nuestros cuerpos...

Con tus yemas en mis labios
y tu lengua en mi garganta
retorciéndonos pegados,
extasiados por el deseo
que nos aclama...
Ardemos semidesnudos 
como la noche que cayó
el hilo de tu saliva 
sobre mi espalda.,,

Me envuelven tus brazos.
Me devora tu boca
dibujando placeres
vertiginosos
que se deshacen,
entre gemidos,
entre susurros 
que se desgranan,
con el ápice que nos eleva
sucumbidos por la pasión,
a seguir amándonos
entre sábanas de seda,
aún cuando el amanecer llegue
y las avenidas duerman.

Nuestros cuerpos mueren en el éxtasis.
Cerremos los ojos
y en nuestro lenguaje...
sigue amándome.

Onice Canet





TIBIAMENTE




         Son las hojas las que desvisten al árbol.
Lo desnudan tibiamente, dejando a los rayos,
cubrirlos de nuevo de la luz prematura,
rojiza, dorada, anaranjada.. Se nutre,
de las caricias aturdidas que el despierta,
en las raíces ocultas que besan la tierra.

Como hoja que no cae en el invierno marchito,
mis manos te despojan, quemando dulcemente,
las colinas verdes de tu cuerpo que demoran,
pausadas, sobre los labios vivos de mis yemas...
Fulges, sutil, en esta dimensión perenne
dónde el aliento se percibe único, bebedor 
deshinibido, que dibuja flores en mi boca.

Como raíz, mi carne se diluye y toma forma.
Un diluvio de éxtasis despierta, en las sombras 
espléndidas de las ramas de nuestros cuerpos...
Son las hojas las que desvisten al árbol,
mientras lo lame el rocío con su lengua erótica,
cubriéndolo de nuevo, en jadeos escapados,
que balbucean en el cobijo de sus entrañas.

Soy hoja. Soy raíz. Eres árbol que asida en mi tierra.
Rama que me da la vida, que me retuerce
en la fogosidad abismal de tu encantamiento.

Soy hoja. Soy raíz. Soy la savia de tus estaciones, 
la que te impregna de húmedas sensaciones...
Soy, el manantial embriagado que queda extenuado 
en el vertiginoso placer que anda por tu dorso.

Soy, tibiamente....
La raíz que te aturde
en la luz prematura...
En las sombras espléndidas.



lunes, 24 de julio de 2017

La caída del monolito

Grita el viento del pasado una vez más,
renacen los ecos de los recuerdos,
se descosieron mis tristezas,
sangran nuevamente mis súplicas.

Se pierde una luz en el silencio,
me sofoca el voraz abrazo del miedo,
Oh! cómo pesan mis ojos y su dolor,
Oh! cómo duele tu silencio y mi vacío.

Gritar una vez más entre ocasos,
Marchitarse entre cartas y versos,
Morir en líneas y acentos.
Oh! cómo duele el vacío, cómo sangra tu silencio.

Exhalar ráfagas de palabras consumidas.
Separar mi alma de la tierra,
orar a los muertos, ir en su búsqueda.
Oh! cómo mata tu ausencia ¡cómo sangra mi alma!

Crepitar demente contra el óbito,
ceder ante el ósculo del olvido,
abatirme contra la muerte en un suspiro,
Oh! cómo me duele y me mata tu silencio.

Resecarme de desesperación.
Cortando mi garganta de ansiedad,
desgarrando palabras insondables,
clamándo a tu abandono mi pronta muerte.

Cae el vacío, a toda velocidad,
grave, triste y desfalleciente, mi corazón.
Se desploma este monolito ante ti,
muere el cielo … para mí.

Arcano XXXVII

domingo, 20 de diciembre de 2015

PALABRAS DE MAS .(Versión 2015) Dryell

Rei II Evangelion Symphony (CD1)
Live at the Bunkamura Orchard Hall, Japan, 1997.
All Neon Genesis Evangelion Sountracks were composed by Shirō Sagisu.

Palabras de más,
palabras de nada;
Resquicio del andariego que transita por los bosques espinosos de la noche sin final.
Vocablos del silente cazador de los crespones azules que entretejen los ocasos.
Palabras de más...
sin un grácil arpegio, sin un vergel lozano...
sin un incienso tibio y perfumado.

-¿Quien dirá?
Que al cobijar estas líneas ha podido esbozar una sonrisa entre sus labios.
-Que lo hizo al recorrer los pasajes de las sombras infinitas que desgranó el poniente arcano.
-¿Quien dirá?


Profanada la grácil albura del inerme papel…
manan los cantares lóbregos de mi alma en su hiel,
perdida y perdida...
Perdida otra vez.

Ya se presentaron los actores de la obra:
Ausencia, delirio,
la noche, las sombras.
El infame silencio que de las paredes brota.


Palabras de más…
palabras necias,
huérfanas de lumbre y bastón que les soporte en la cadente travesía de mi frenético ser.
(De mis verdades inciertas)


-! ¡No!
No existe brisa ni perfume que acompañe alguna línea,
ni sol de amanecer ni de plata una aurora,
Recital inefable de algún ave canora….
mucho menos la beldad o la ilusión fidedigna.. 

¡No! De nuevo: Nada!
Violetas marchitas
y escarpadas laderas que conducen al final de la palabra.
Atestada floración de carencias malditas que mancillan la razón con la memoria ingrata.
Sólo vocablos perdidos y la blancura increpada.
Sólo palabras de más
sólo; palabras de nada.!


DRYELL 2015 © Todos los derechos reservados.
Ambas versiones: 2007 y 2015 de "Palabras de más" son obra y propiedad de Eduardo Dryell.


jueves, 3 de septiembre de 2015

* ***** *** Atena - "Azul" *** ***** *

Fotografía y Retoque por Dryell.


"Espejo Azul" * Blue Mirror (2012)



"Claroscuro" *Chiaroscuro. (2012)
                                 
                               
             
                                    
Escote y Labios *Neckline and Lipps (2012)
   

"Botones" *Buttons (2012)



"Ligereza"  *Lightness (2012)
   


"Azul Completo" *Complete Blue (2012) 


         
"Ligereza 2" *Lightness 2 ( 2012)
Admirador de la fotografía y el arte digital; de  los estilos "boudoir", "glamour" (entre otros) y de la sensualidad en general cuando se conjuga con dichas artes, presento aquí una parte de mis intentos personales por plasmar algo perteneciente a las categorías. Sin embargo "diferente"

















*Todas las fotografías expuestas en esta entrada del blog Memorias y Eclipses ( Atena - "Azul") son propiedad de su autor *Dryell y no podrán ser copiadas, reproducidas  y/o utilizadas sin su consentimiento.

miércoles, 4 de marzo de 2015

**** He caído en el silencio **** (Hablando con él) Dryell

Luego de mucho tiempo (años) he retornado al lugar donde publiqué por primera vez mis letras. Allí, encontré de nuevo mi perfil y aquellos poemas que hace tanto como ocho años dejé. Encontré así, este, mi primer poema publicado, y el releerlo, me ha traído algo de nostalgia, por eso hoy está aquí, un tanto modificado y/o corregido. pero... AQUI.



He caído en el silencio,
donde gobiernan las sombras
       y la verdad es la nada.
Toda razón he perdido,
pero aún en mi memoria,…
hay débiles ecos frustrados,
       de primaveras pasadas,

Pero poco a poco mueren,
Pero poco a poco, …
                   callan.

Ahora,
ahora es invierno,
con el frió demasiado intenso,
y la nieve demasiado blanca.
¡Aquí!, la nada lo es todo,
Así  aquí:
Todo es la nada.
Como una figura siniestra,
que se presenta,…
se muestra,
y me quiere conversar.


Yo pregunto: 

-¿Quién eres tu?,
¿Por qué viniste?

-Yo soy el completo silencio.
la sombra que habita en tu alma,
yo soy la noche y el tiempo,
También soy  la furia y la calma.

-Tú, tú te llevaste……
¿Por qué te llevaste las flores?

-Eso las hace especiales,
y eso les da su valor.
Cuando añores, cuando extrañes,
apreciarás su color.

-¿Y las aves?, dime,…
¿Dime donde fueron?

-Algunas volaron,
las otras murieron,
sus cantos cesaron,
los nidos
 cayeron.

-Me torturas,
Me torturas.

-Yo solo soy lo que soy,
Nada más.


He caído  en el silencio,
mientras mi espíritu tiembla.
La voluntad se ha perdido…
                         y  yo ¡caigo!       
 ¡Caigo! Rodillas en tierra.

Ahora:
El deshielo de mi ser,…
abriéndose paso a mis ojos,
quemando
     por dentro mi alma,
bañando
      con sales mi piel.

-¿Por qué volviste?,
¿Por qué?

-La verdad, no me perdiste,
solamente me ocultaste,
pero en esta noche triste,
sin quererlo
…me encontraste.

-¿Tiene sentido la vida?
¿Tiene sentido vivir?

-Has conocido el invierno.
De tu ser,- el lado oscuro,
y si miras atrás en el tiempo,…
alguna vez  ¿si lo tuvo?

-Me torturas,
me torturas.

-Tú no puedes olvidarme,
ni tratarme con desprecio.
Recuerda, no puedes callarme,
porque yo;
 soy el silencio.


DRYELL   15/02/2007 (el original)

DRYELL © Todos los derechos reservados.
EDUARDO DRYELL, DRYELL_POET, y mi nombre verdadero el cual me reservo.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Volaré hacia ti


Muchas veces me digo, este poema es especial. Y éste. Y éste otro....Es muy difícil decidir cual es el que más sientes tuyo, porque realmente todos son parte de una misma. Demasiados sentimientos quedan plasmados, y no sólo aquí en letras, sino también dentro de mí, porque el corazón es como un gran libro, dónde una guarda cada palabra, cada imagen, cada sentido, sentimiento, cada sonrisa, cada lágrima...
Este poema va dedicado al primer hombre de mi vida....  Amarlo, quererlo, es poco decir, porque para mí fue todo. Fue mi vida, mi sonrisa, mi cariño, mi arropo, mi amparo, mi luz.. El sabe que lo extraño, que le echo  de menos.. Me he preguntado tantas veces, como hubiera sido mi vida y la suya si el no se hubiera ido tan pronto.... Mi enfado pasó rápido. Apenas tenía yo 9 años. Aunque  todos mis recuerdos son muy intensos, los sigo viviendo, me arropo muchas veces en ellos.  Pero el dolor quedó. Han pasado décadas, muchos años, pero en cierta manera, él está aquí conmigo, Sé que no me ha dejado.  Es algo que percibo de manera especial y no sabría explicarlo. Su recuerdo está vivo.  Y siempre, he tenido la necesidad de pensar, que algún día, habrá un reencuentro.  Un hombre tierno, dulce, compasivo, sencillo, humilde,  alegre, protector, que le gustaba disfrutar de lo que le había dado la vida, de las pequeñas cosas, de sus nietos,. Nunca tuvo una mala palabra o gesto. Su bondad era infinita. Ni siquiera se quejaba por los golpes de le dio la vida, lo afrontaba con una sonrisa y buscaba siempre lo bueno en lo malo. Su felicidad era ver a los suyos felices. Aunque esa "felicidad" quedó truncada aquel maldito Noviembre del 79. Aún hoy recuerdo su ultimo beso, su mirada, su voz...su manera de tomar mi mano para decirme adiós.  Mi abuelo materno. El primer hombre de mi vida. El que me dio todo su amor.. y que en mi niñez me rompió el corazón.
Pero aún hoy, siento su caricia. 



  VOLARE HACIA TI

Cierro los ojos en mi ausencia terrenal,
dónde los sueños son alcanzables.
Puedes estar tan distante, tan lejano…
Pero yo puedo volar hacia ti, libre,
hacia ese viento fortuito, casual,
como un gorrión emancipado, pequeño,
que atraviesa mundos, estaciones,
valles verdes con árboles sabios
enramados, desdichados, por tu ausencia.
Pero aún así… te siento cerca.

Algún día, volaré a tu paraíso
dónde las olas de plata, juegan
con tus tobillos, dónde la arena blanca
dibuja con pinceladas, tu imagen
sobre la tierra mojada, fresca,
por la dulce presencia que en mi interior dejas.

Ya no abrazaré más tu imagen.
Ni mis ojos quedaran absortos.
Acariciaran mis manos tu rostro,
besaran mi labios tus manos,
y tú, mi sol, serás alcanzable. Serás cercano.
No habrá distancias. No habrá fronteras.
Te sentiré próximo. Te tendré cerca.

A mi abuelo Miguel 
(siempre cerca, dentro de mi corazón)

ÓNICE





lunes, 24 de noviembre de 2014

Dispuesto a abandonar la Tierra.

Sumido aún en las oníricas esferas, escuché un repique intruso quebrantando las sinuosas melodías que albergaba mi conciencia. Me pregunté entonces,
 -¿Qué sonido es ese?
 y sobresaltado, yo mismo respondí:
 -No es un sonido de este mundo, es la señal!
 -Debo abrir los ojos ya! Ha venido el amanecer.
Así, abandoné mi refugio. Así, comencé la travesía que me habría de llevar donde las aves son regentes y  las miradas se posan cuando existe un anhelo.

Helios  asomaba humilde entonces, Y  tras hacerme corpóreo de nuevo
y cumplir con los  rituales  habituales de tal condición, recurrí a la sangre, esta me condujo en una negra bestia con estampa de Leon, entrañas albinas y  visos de plata fulgente. Tomé rumbo al norte.

Los minutos transcurrieron presurosos y tras un fugaz encuentro con mi “dominar” (hebreo) tuve que dimitir ante la idea de buscar  la atmósfera en su compañía.
Un alto en el camino, luego otro y un par de movimientos para armonizar el espacio y el tiempo…

Helios ahora, abandonaba su modestia y se mostraba  anuente ante la dádiva celeste, sin duda, resuelto a  complacer mis ambiciones.
El adalid se mostró entonces, como era de esperarse ostentaba alas sobre su frente, un afable  proceder y la confianza propia de quien durante años ha visto el mundo con ojos de pájaro.  Varios segundos fueron allí congelados para siempre, varias siluetas del “Halcon” y de “Urracos” también, los dos conocidos del cielo, y aquella de alas blancas y pseudónimo de pez.

Bien pronto nos decidimos elevarnos. Tomamos el impulso necesario y
Luego:
 - Adiós a la Tierra y… añil por doquier…


Al frente de la aventura mi sangre,
 en mi espíritu la satisfacción,
sobre las alas el viento,
en las vísceras un parvo contoneo.

La montaña y la llanura,
los reflejos en el agua,
 la isla, el parque y las criaturas,
todos bien abajo,
todos sobre el mundo,
 y yo, ausente de él.




Me adelanté entonces y tras calcar en mi retina los paisajes nuevamente,
 posé la mirada en el frente. Cabalgando sobre el viento…
 levanté y me deslicé.
El tiempo es corto cuando dejas el mundo, así, una hora, no lo es.

Me aproximé a la montaña con cautela y buscando las líneas decliné después,
procurando situar las albas estrías delante. El  escarlata y el amarillo asintieron y de nuevo, sobre el mundo me posé. 


(17 -11-2014)

domingo, 19 de octubre de 2014

Remembranza (Otra vez mañana)

Basado en la caratula "High Hopes" Nightwish 

Demasiada arena en el reloj
- Para sepultar los secretos
y  callar el futuro.
Demasiadas aguas estancadas,
páginas en blanco 
y temores profundos

Demasiados mares sin ventanas.
Demasiado del cuervo sin rumbo.

…Y  deseo acallar el fragor de la memoria.
…Y  deshelar el sueño
Y  recordar el olvido.


Demasiada premura en la razón
- Para conjurar el mañana,
 lo albino en lo oscuro
y  las cumbres de Palas.

Demasiadas palabras sin voz,
flores del desierto
y  fábulas sin rumbo.
Demasiadas horas malgastadas,
colinas buscando
y alhajas sin rubro.

Demasiadas olas y murallas.
Demasiado del cielo nocturno.

…Y  deseo acallar el fragor de la memoria.
…Y  deshelar el sueño
Y  recordar el olvido.

 Demasiada cruel ensoñación
- Para exorcizar la nostalgia.
sólo grafemas absurdos
retratando historias… vanas. 


DRYELL © Todos los derechos reservados.

EDUARDO DRYELL, DRYELL_POET, y mi nombre verdadero el cual me reservo.

martes, 23 de septiembre de 2014

Adiós

Este poema hoy lo rescato de mi  rincón de  memoria personal. Hoy es de esos días que uno necesita alimentarse de cosas de atrás, de fotos, recuerdos, y rebuscando entre ellas, ha aparecido unas de mis libretas de cuando comencé a escribir. Este poema no es de hace mucho tiempo.. tan sólo tiene unos treinta años. Recuerdo que fue para una clase de Literatura, había que hacer un poema de tema libre, y yo por aquel entonces ya hacia mis cuatro garabatos, poemas que hoy día aún conservo, muchos de ellos pésimos, (no verán la luz), pero en su momento, fueron mi salida, mi manera  de mostrar lo que sentía y que  muchas veces, no podía contar, excepto a aquellas viejas libretas, el sitio donde me cobijé  para sacar lo que tenía dentro. . Lo cierto es, que eran importantes para mí cada uno de aquellos escritos, por el momento, el sentido, el sentimiento, las experiencias que iba viviendo (aunque tan sólo los comprendiera yo), y hoy los conservo de manera especial.  Porque siempre fue mi refugio el escribir.






Este poema no es sólo mío... fue una etapa complicada, difícil.  Lo que era un mero trabajo de colegio, se convirtió en algo especial, por la ayuda que tuve a la hora de corregirlo y darle forma  con mi hermana. Tiene parte de las dos. Nuestras emociones y sentimientos en aquel momento, estaban a flor de piel.  Presenté el poema, y al final de ciclo, dieron a conocer los tres mejores. "Adiós" fue uno de ellos, no recuerdo bien cual. Pero sí recuerdo las felicitaciones y mis lloros. Nadie comprendió. El poema, cobró vida. Unos días antes, llegó no sólo en letras, sino en la realidad, su adiós. Se marchó. No muy lejos. Pero para mí, en aquellos momentos, cambiaron muchas cosas.... me daba miedo nadar en el abismo, hasta ese momento, siempre lo había hecho con ella y me sentía no sé si es la palabra adecuada "segura". Me sentía sola. Me faltaba ella. Mi apoyo. Yo sé que ella aún recuerda aquel poema en el que me ayudó. Y es que, este poema.. tiene esencia de las dos.
   Seguramente, leerás de nuevo este poema, y descubrirás algunas cosas que no sabías.... y algo más que sí  sabes aunque a  mi me cuesta mucho decir. Aunque hoy, cambiaría muchas cosas del poema porque "Tú eres" y "Yo soy".... Te quiero Ana.

ADIÓS


_ Adiós. Me voy lejos. Muy lejos.
Jamás me comprendieron.
Nadie intentó acercarse a mí
_ ¿Y ahora… qué?
                  _ Ahora me voy. Vagaré por los caminos.
Por la sombra de mi destino.
_¿Porqué?
_ Porque no soy nada. No soy nadie.
Nadie se acuerda ya de mí.
No tengo pasado ni tampoco futuro.
Soy simplemente, una sombra en el camino.
_¿Porqué?
_Porque estoy muerta, No tengo vida.
No vivo.
Nadie se acuerda ya de mí.
Nadie me espera.
Nadie me recuerda.
Adiós.
_No.
_Sí, me voy.
_¿Dónde?
_ No lo sé. Iré escondiéndome de la gente,
de su hablar,
de sus pensamientos.
_Pero…
_ ¡ Calla! No hables.
Me voy. Simplemente me voy.
No soy nada. Nada.
Un vacío.
Un abismo.
Simplemente nada.
No soy nada.


Ónice Canet

La música que me acompaña es la de mi gran y querida Nina Simone. He escogido este tema, por el gran significado que tiene con este poema... "Mañana es mi turno". Pero también el mañana fue nuestro turno...
Fuiste "tú". Fui "yo"... simplemente.... somos nosotras.

derechos de autor de este video, a quién correspondan.

jueves, 18 de septiembre de 2014

VENTANAS (Del otro lado del cristal)

"Rain at my Prison window" By Andrew Murray.

Del otro lado del cristal
 Tempestad .
 Insidiosa,  envolvente…
Las ventanas le resisten
pero escurren de su hiel,
son tatuadas nuevamente
por  las tormentas ayer.

Allí las sombras persisten.
Allí no habrá amanecer.

¡Perpetuo declive!
De noche diurna ¡El eclipse!
-En ausencia de los ojos, la luz  no ilumina nada.
-La lobreguez más oscura, está en la noche del alma
Y una  flor en el desierto…
es sólo “una flor de nada”

Secos alaridos
en el claustro de mi mente.
La pesadilla perenne
- que me ata y me sostiene.
Ya no veré más el cielo,
no me posaré en su calma.
La elegía el sentimiento…
de la condición humana.

Soy, como el océano profundo…
cuyo abismo no se puede iluminar,
inagotable universo de agua…
que de sed puede matar!.

Soy, marea inclemente,
huracán
y torrente.

Soy  empíreo  obscuro,
y no soy el  Poé, soy el cuervo.

Los cristales aún resisten,
a la infame tempestad que no se acaba,
afuera persiste el fragor
con su amenaza letal,
Y los postigos insisten
en conservar atrapada
La  sombra y el estertor
del otro lado del cristal...
En la  ventana.



DRYELL © Todos los derechos reservados.

EDUARDO DRYELL, DRYELL_POET, y mi nombre verdadero el cual me reservo.

lunes, 1 de septiembre de 2014

La Promesa (Primera visión.)

No recuerdo bien, lo he de confesar.
Quizás aún el destello de Selene fulguraba en el cenit de mis azules vestidos con el rubro de la inefable armonía.
Quizás aún…
 El tiempo parecía una distancia que la magia retomaba para  borrar la elegía.

En algún tiempo,
Alguna vez….
La promesa profería que llegado el momento y el día,
(La inmensurable alegría)
La primera visión de tu intención concluida…
Se mostraría ante mi, para ser .... sólo mía.

Quizás no recuerdo el momento,
 Pero si recuerdo el juramento
De la visión conferida.

Hoy ahora, entre las grandes colinas;
Comprendo el destino y de nuevo...
  y confesando mi anhelo
¡quiero y deseo creer!
Que la palabra no olvida
 y que sabrás responder.
Quizás, porque el momento y el ayer:
No fueron del todo vacios,
Ni un efímero placer.

Oh! No sé,
Si conocer tu destino me concede el merecer,
Si descubrir de esta manera tu conquista
tal vez  me obligue a perder.
Sólo sé que en un momento,
en un instante de ayer…
Dijiste con tus labios fervorosos:
“Tú serás, testigo y juez”

No comprendo bien, no lo puedo  razonar.
 Quizás aún…
Un tanto del viaje entre los valles y cumbres, y del paisaje sinuoso se ha grabado en mis adentros.
Quizás aún…
La profecía y el tiempo designaron el instante en que volví a encontrar los sueños.

No es ahora,
No es ayer…
Pero el verbo de la visión más allá del recuerdo,
El encontrar y el poder ser descubierto…       
Los ropajes hacinados sobre un rincón en el suelo…
Se transforman en antojo,  por conocerte de nuevo.

Quizás sólo estoy divagando,
Pero despierto, soñando,
Vuelvo a esperar sin remedio.

Ya mañana, cuando el cuervo no regrese;
No sabré si encarar la promesa,
Si habrá  zozobra o certeza
¡Pero lo he de resolver!
La decisión tal vez pese
más será lo que ha de ser.
Quizás porque creer y prometer:
No son nada del destino,
Ni un mañana o un ayer.

Oh! Es olvido,
No tengo ahora potestad o lugar a los pies del Olimpo,
No puedo más que anhelar que tu memoria subsista y me conjure en su designio.
Estrictamente recuerdo,
Aquella mañana de exilio…
En que te en dije silencio:

“Aquí y ahora, te olvido”.

Dryell 2014
DRYELL © Todos los derechos reservados.

EDUARDO DRYELL, DRYELL_POET, y mi nombre verdadero el cual me reservo.
© Todos los derechos reservados.

sábado, 15 de marzo de 2014

SIN DESTINO






La vida le había golpeado muy duramente. Ahora, ella era una estrella que invadía el espacio estelar. No había entrado en el mundo de los muertos, ni tampoco yacía aquí, entre los vivos. Se había quedado entre los dos mundos, a la espera de que la justicia divina, abriera sus puertas para ella... Ella, aquella mujer que en su juventud fue privada de lo más esencial que tanto amaba.

   La España de los años 30, había traído consigo la miseria, la pobreza, debido a la guerra civil. Concepción "Concha" para sus seres queridos, se había enamorado a los dieciséis años.
Un amor eterno, pero también cargado de sufrimiento hasta el día de su muerte.
  Provenía de una familia humilde, trabajadora, que luchaban por subsistir. Con siete años, su padre la había encomendado a una familia de la burguesía valenciana, para realizar las tareas cotidianas de la casa...Así,  tan chiquita, perdió su niñez entre los quehaceres de un trabajo injusto, ingrato, para un niño. Pero el dinero era escaso y las bocas, muchas para alimentar.

   Su curiosidad, su afán por aprender, le hizo despertar su interés por descubrir, por aprender a leer, a escribir. Ahora mismo, en esta sociedad, parece un imposible, pero así lo marcaba la época y más siendo mujer y mucho más por el hecho de provenir de una clase social baja, humilde, era algo inalcanzable.
  Ninguna mujer tenía acceso a la biblioteca, ninguna que fuera de linaje humilde, pero cada tarde, en su tiempo libre, se acercaba al edificio municipal y bajo sus ventanas se sentaba, sobre la hierba, para escuchar las charlas, las poesías que recitaban, las historias que contaban, en el ala norte del edificio. No le importaba el frío, la lluvia, el calor. Siempre su optimismo, su afán de aprender, de descubrir otros mundos, aunque fueran imaginarios,  crecían.
Era su prioridad. Aprender, dejar de ser analfabeta. Y las poesías, los relatos que escuchaba, la hacían viajar a un mundo mejor.

  Pascual, era un muchacho de la alta sociedad del momento. Un buen mozo, de buen ver. Su padre se dedicaba a la importación y exportación de la madera y a algunos negocios relacionados con el tabaco.
Tendría entonces él, apenas unos veinte años. Un chico apuesto, muy atractivo, educado, con una sonrisa que la cautivó.
Fue un flechazo inminente para ambos. Jamás se habían visto antes, pero se sentían como si se conocieran de toda la vida..
   La invitó a dar un paseo el domingo por la tarde, por la alameda, dónde se perdieron con el bullicio de las gentes, de los niños que jugaban bajo los árboles. Y el amor dulce, despertó,  estalló entre ellos, y comenzó una historia que marcó la tragedia para ambos.

  Después de dos años de relación (siempre a escondidas, pues no era bien visto que se mezclaran las clases sociales), se descubrió. Concha, fue despedida de la casa dónde trabajaba, pues la madre de Pascual, se encargó de que fuera así y a él, lo mandaron al norte de España, a llevar una de las empresas familiares.
   En este tiempo, esos dos maravillosos años que pasaron juntos, él, le había enseñado bien a leer, a escribir, le había enseñado ese otro mundo en el que existía Shakesperare, Calderón de la Barca, Lope de vega y otros tantos....
  La partida fue dura. No pudieron ni siquiera despedirse. Pero la correspondencia entre ellos, era casi a diario. Los sentimientos, se fortalecían día a día y a pesar de todos los impedimentos, las fuerzas no flaqueaban y los dos se sentían felices de tenerse aunque fuera en la distancia.

   Tres años más tarde, el regresó de nuevo a Valencia. Volvía, y ella  era la mujer más feliz del mundo, tras esa larga espera por volver a reencontrarse con su amor.
Estaba todo dispuesto. Por temas políticos y comerciales, Pascual debía contraer matrimonio con una joven de Barcelona, que él, ni siquiera conocía. Se negó en rotundo. Su corazón ya tenía dueña, y para él ya había hecho su elección, tenía ya a su elegida, la que el quería como madre para sus hijos, con la que formar una familia. Pero las represalias, las condiciones sociales del momento, ganaron la batalla y tuvo que viajar a Barcelona para casarse con aquella desconocida.

   Concha se derrumbó. El dolor pesaba sobre ella. Siempre supo que jamás les iban a permitir estar juntos, pero siempre tuvo ese ápice de esperanza, ese sueño, de que tal vez, podrían cambiar las cosas, que no importaría la clase social.
   Durante años, ella había observado el comportamiento de las damas de aquella sociedad, su lenguaje refinado, sus andares, sus gestos. Había leído mucho, demasiado tiempo sola que le permitió devorar libros y libros, uno tras otro. No tenía dinero, ni clase para ir a la universidad, otro de sus sueños, pero eso no le impidió que se enriqueciera personalmente y aprendiera.

   Un año de cartas. De lloros.  Pascual se había casado, pero el corazón de ambos aún se pertenecían. Pasó el tiempo. Su regreso a Valencia, a la casa familiar, ahora era diferente. El, llegaba con una nueva mujer y un futuro hijo en camino. Se volvieron a encontrar. Los dos eran conscientes de que su amor debía de morir, pero era imposible. Nada ni nadie podría cambiar aquellos sentimientos que ambos tenían. ¿Que hacer? Fue una decisión muy dura, pero ella optó por lo que más deseaba. No perder-lo. El corazón mandaba. Tenerlo de la manera que fuere.

  Cincuenta años a escondidas del mundo. Su historia de amor fue creciendo. Ella, renunció a ser madre, no lo podía permitir, siendo soltera, hubiera sido vejada por la sociedad de mil maneras, y hubiera dañado a Pascual en todo lo que le rodeaba por tener un hijo bastardo. Así otro sueño, el parir, el tener a un niño entre los brazos, fue también otro sueño roto. Desde su oscuridad, desde ese mundo de "no a los sueños" se resignó a tener hijos,  y lo amó desde la discreción, siendo correspondida, hasta el día que murió él.

Pascual, fue padre de cinco hijos. con aquella mujer desconocida, que fue una esposa, a la que realmente nunca quiso. En su lecho de muerte, rodeado de sus hijos, de sus nietos, de su mujer, pidió su ultima voluntad. Su mujer sabía de la existencia de Concha, desde sus inicios. Ella, también se había casado sin quererlo, aunque los años, el roce, creó un cariño mutuo.

 La voluntad. La última. Era ya lo único que quedaba.
   Llevaba días acercándose al hospital, cada noche, pasaba para preguntar a las enfermeras por su estado de salud, y como siempre a escondidas. En estos momentos de su vida, ya no había pautas y reglas que la sociedad marcara, pero sí existía el respeto hacia su mujer, sus hijos, por lo que ella evitaba el encuentro, y a pesar de tener la habitación a pocos metros de la sala de información de los pacientes, no entraba por no incomodar a la familia. Quería evitar cualquier disgusto, cualquier escándalo. No hubiera sido agradable, y probablemente, tampoco se le habría consentido, el que entrara ella a verlo en su lecho de muerte, aunque era algo que ella deseaba con todas sus fuerzas... Pero, que decir. No podía entrar, presentarse, como la amante de Pascual durante cincuenta años. No. No se podía. No se debía.

   Su dolor era palpable. Su dolor era infinito. Toda una vida. Toda una vida viviendo una realidad disfrazada. viviendo paralelamente a sus deseos y sueños. La habían convertido, en una ancianita refunfuñona. Era evidente, que la vida no se había portado bien con ella y el estado de salud de él, se precipitaba a lo que ella jamás hubiera pensado que tendría que sufrir. Su muerte.
Él,  se debatía entre la vida y la muerte... Pero aún tenía voluntad. Quería verla. Su mujer, accedió...

   Las enfermeras  facilitaron el teléfono de Concha a su mujer, ya que ellas lo tenían, pues Concha lo había facilitado para que la tuvieran al corriente, diciendo que era un familiar cercano. 
  Estaban solos el matrimonio en la habitación, cuando ella llegó. Pascual, la miró, y su cara demacrada, dónde la muerte ya estaba haciendo presencia, se iluminó. Miró después a su esposa, y cabizbaja,  salió de la habitación para dejarlos solos. El, quería despedirse de su gran y único amor. Hubo un gran silencio. Miradas. Lo que se dijeron,  allí quedó para ambos. Escondido al mundo, como  había sido igualmente su idilio, su historia de amor. Se  entrelazaron las manos, con las lágrimas en los ojos. Pero su amor... aún latía después de medio siglo.

   A los pocos minutos, tocaron despacito  un par de veces  a la puerta. Regresaba su mujer, de la sala de espera,  y Concha sabía que ya debía despedirse, que ya no lo volvería a ver. Le temblaban las manos. Su cara se desencajó por completo. Miró un segundo a la mujer, como esperando su aprobación y entonces se inclinó a darle un beso sobre la frente.
   - Te he esperado toda una vida, allí arriba nos reencontraremos y entonces nada podrá separarnos.- balbuceó Pascual.- Ella no pudo decir nada. Un nudo en la garganta se lo impedía.
Se incorporó y salió de allí muy despacio, le fallaban las piernas. Andando hacia atrás, hacia la puerta, sin dejar de mirarlo y sin poder mediar palabra.

   Esa noche, falleció. Cerca de la madrugada, sonó el teléfono. La llamada inevitable. Sus manos no respondían y le costó descolgar el teléfono.
-¿Si? ¿Quien es?- contestó con una voz entrecortada.. Al otro lado, una voz de mujer le contestaba.- Esta noche, las dos nos hemos quedado viudas- y colgó.

El entierro fue otro duro golpe. Sola, sin fuerzas, aguantándose como podía con su bastón, se dirigió al cementerio. Había un gran tumulto de gente. Y ella, una señora ya muy mayor,  pasaba desapercibida, quedando en un tercer plano, marcando distancias, para no incomodar a nadie.
   Allí se quedó, sentada en un banco de madera, observando desde lejos, como el amor de su vida, era metido en un nicho.
   Una última caricia. Una última caricia era lo que necesitaba ella darle a él. Apenas unos minutos, pero en ese pequeño espacio, pasó por su mente toda su vida como si fueran fotogramas... el día que lo conoció,  su primer beso, su declaración de amor, su primer baile (en la oscuridad).
  Ya no le quedaba nada. La única persona a la que había querido en esta vida,  se había ido.
Ahora, sólo le quedaba su último sueño. Que llegara su día, para reencontrarse con él de nuevo.

   Absorta en sus pensamientos, cuando se dio cuenta que ya no quedaba nadie de las personas que habían asistido al funeral Se levantó de aquel banco, y fue acercándose, tambaleándose y sin visibilidad alguna, por las lágrimas que ya le impedían ver. Ahora estaban solos. Acariciaba la lápida, le daba besos, le susurraba hasta que al final, todo ese amor reprimido por los años, estalló. Había mucho dolor. tanto como lo había habido en su vida. Solo que ahora, nadie le podría impedir ir a visitarlo cada día, a pasar las mañanas junto a él, hasta que su salud se lo permitiera. Y así fue.

   Pasaron algunos años más. y ella, con sus más de ochenta años, iba a visitarlo cada mañana. Pascual murió. Pero su amor no. Jamás lo hizo. En cierta manera, ella se sentía que lo seguía cuidando, le llevaba flores frescas, le contaba historias, seguía acariciando su lápida como si fuera a él. Hasta que llegó, el fatídico día de noviembre en el que la vida se truncó y ya no recibió más la visita de Concha.

Muchos pensaran que fue una pobre mujer desgraciada.  No tuvo una vida fácil, victima de una época, pero que a pesar de ello, y de todas las adversidades, supo ganarle la batalla al amor.
Fue, y será siempre, la vida  la desgraciada, que se cebó con ella, hasta el día de su muerte. Después de aquello, ella sólo quería reencontrarse con él, de la manera más dulce. Pero la propia vida, en este caso,  fue una hija de puta y le privó de nuevo de que su último aliento fuera como ella deseaba... morir en paz. 
Aunque eso, es otra larga historia, que aún no he podido, después de los años escribir. 

Dedicado a ese ángel de alas blancas que seguirá siempre vivo en mi.
A Concepción.

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(imagen de la Alameda de Valencia) 
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